“Cuidando mascotas”
Durante una temporada me dediqué a cuidar mascotas. Cierta ocasión cuidé a un simpático perro llamado Señor Pepe que por primera vez iba a pasar una noche sin su dueña. El pobrecito estaba triste por la ausencia de su humana y comenzó a aullar hasta que me levanté y le expliqué que ella estaría ausente unas noches pero todo iba a estar bien. La explicación fue suficiente para que ambos pudiéramos dormir.

“Sirena y Hanna”
Uno de mis momentos favoritos cuando viví en casa de Sirena y Hanna, eran los minutos antes de entregarlas a la camioneta que las llevaría a la estancia de mascotas, donde ellas tenían la oportunidad de convivir con otros perros y lo sabían, así que en sus cuerpos no cabía la emoción cuando minutos antes de la salida yo sacaba sus correas.

“Siesta en un zapato”
Jade llegó a mi casa en contra de mi voluntad. Mi hija la rescató cuando la minina era una joven cachorrita y se encontraba llorando en la llanta de un coche. Los primeros días de su estancia yo la perseguía ferozmente cada vez que se subía al comedor o a la barra de la cocina. Cierto día noté que cada que yo me acercaba a ella, se erizaba su cola y se arqueaba su espalda, me tenía miedo. Eso me generó un tremendo sentimiento de culpa y decidí aceptarla en mi casa de buena gana, sobre todo al ver que era un excelente soporte emocional para su dueña. Empecé a enternecerme cuando vi que después de correr por toda la casa durante las mañanas, se quedaba dormida en donde le atrapara el sueño. Por ejemplo, en mis zapatos.

“La fiel compañera”
Jade siempre al lado de su humana, como una sombra.

“Le gusta el agua”
No sé cuantas escenas de la vida de este felino he convertido en ilustraciones. Me encariñé profundamente y aun sigo capturando los momentos más simpáticos de su sencilla vida.

